Guardaba cierto rencor a la gente tocapelotas, hasta que Melanie cayó prendada de uno de ellos.
Ella decía que era diferente, distinto al resto, pero evidentemente era del montón.
Un tío con ojos de gato y la sonrisa más fea que haya podido ver en mi vida.
Lo cierto es que era real. Se había enamorado de un tío de verdad, no de esos modelos con un quilo de photoshop de las revistas de Play Boy. No, se había enamorado de uno de los de verdad.
Y a mí me encantó verla feliz, tan ella. Con una sonrisa de oreja a oreja.
Empezaron a chatear y hablar, se hicieron muy amigos, y al tiempo salieron como pareja.
Lo único de lo que se olvidó fue de mí. Me dejó sola triste. Se olvidó de mí.
Se marchó sin mirar atrás, tan enamorada, tan tonta que estaba...que se fue, y me dejó aquí. Sin nadie.